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Una piel hermosa bajo el sol

Todos sabemos que el sol es indispensable para la vida.
Previene la depresión estacional mediante la producción de melanina, regula nuestro reloj biológico y nuestro humor, previene el raquitismo, aumenta la síntesis de vitamina D, fortalece los huesos, alivia y cura ciertas enfermedades de la piel como la psoriasis, el eczema y algunas alergias.

Pero una exposición excesiva provoca serios problemas de salud de la piel: arrugas profundas, rojeces, cataratas, debilitamiento del sistema inmunitario, cáncer.


Si bien la crema solar es indispensable, el fortalecimiento interno en antioxidantes debería ser parte de nuestros reflejos cotidianos y más aún durante el verano.

 

1. Mecanismo de acción
Cuando la piel se expone a la luz, incluso sin hablar del sol, utiliza sus reservas de antioxidantes para protegerse de los rayos ultravioleta.
Los rayos ultravioleta (UV) activan la producción de melanina, que es la pigmentación de nuestra piel, y al mismo tiempo estimulan la producción de radicales libres, los cuales destruyen los ácidos grasos de las membranas celulares y alteran los tejidos conjuntivos.
De ello resulta un envejecimiento prematuro de la piel, una disminución de su flexibilidad y de su elasticidad y un riesgo mayor de desarrollar un cáncer de la piel.
Únicamente los antioxidantes son capaces de atrapar los radicales libres y de proteger las estructuras biológicas de la piel.

 

2. ¿Cuáles son?


La provitamina A o beta-caroteno:
Presentes en los frutos y verduras con color (zanahorias, espinacas, tomates, duraznos...),
los beta-carotenos protegen nuestra piel del ataque de los radicales libres, protegen las membranas celulares (protección del colágeno), intervienen en la renovación celular y armonizan la pigmentación de la piel acelerando la producción de melanina.


La vitamina A:
Presente entre otros alimentos en los pescados grasos, la yema de huevo y la mantequilla, la vitamina A interviene en los procesos de renovación celular y también se usa a altas dosis como prevención del cáncer (1).

 

La vitamina E:
Disponible en los cereales y el pan integral, las avellanas y las almendras, los pescados grasos, así como algunos frutos (manzana, mango, melocotón, sandía y guayaba) y verduras (espinacas, brócoli, espárragos), la vitamina E protege la piel de las agresiones externas (sol, tabaco, rayos UV, polución) e internas (acción de los radicales libres), favorece la microcirculación sanguínea cutánea y fortalece la película lipídica que protege la epidermis y le permite permanecer hidratada.
La acción de la vitamina E es más eficaz aún cuando se asocia con la vitamina C (2) y/o con el selenio.

 

La vitamina C:
Presente en abundancia en los cítricos (naranja, toronja, limón), también se encuentra en las verduras (pimiento, berro, espinaca, patata...); tiene la ventaja de prevenir el envejecimiento cutáneo.

 

El selenio:
Presente en concentraciones más o menos altas en mariscos, crustáceos, pescados, champiñones, ajo, cebolla, cereales integrales, el selenio es un poderoso antioxidante que protege nuestra piel del ataque de los radicales libres.

Los ácidos grasos poliinsaturados y más particularmente los omega 3:
Su fuente más disponible son los pescados grasos (salmón, sardina, caballa, anchoa, etc.) y también se encuentran en el aceite de colza, las nueces, las semillas de lino. Intervienen en la reconstrucción de las membranas celulares, disminuyen el riesgo de inflamación de la piel (disminuyen la prostaglandina E2) durante las exposiciones a los rayos UVB (4) y se utilizan para el tratamiento de algunas enfermedades de la piel como la psoriasis (3).

 

Los bioflavonoides:
Están presentes en los frutos (naranja, limón, uva, cereza, grosella negra), verduras y plantas como el té verde; mejoran la firmeza y la elasticidad de la piel aumentando la cohesión de las fibras de colágeno y de elastina y actuando como antioxidantes, igual que las otras vitaminas.

 

3. ¿Qué alimentos deben evitarse?
Todas las verduras y frutos que contienen abundantes cantidades de psoraleno, por ejemplo el apio, el hinojo, el perejil y los higos.
El psoraleno vuelve la piel más sensible y con ello aumentan los riesgos de insolación.
Por eso no se recomienda consumir este tipo de verduras en grandes cantidades durante el verano.
El alcohol también es parte de los alimentos prohibidos. Además de aumentar la deshidratación, el alcohol fragiliza la piel (dermis) y la torna más opaca.

 

Conclusión:
Frutas y verduras con color, pescados grasos, cereales integrales, ajo y cebolla deberían ser parte de nuestras comidas veraniegas.
Sus contenidos en antioxidantes, omega 3, agua y bioflavonoides permiten preparar la piel contra los ataques del sol y disminuir su envejecimiento. Pero cuidado, porque todos estos alimentos de ninguna manera sustituyen a las cremas solares ni protegen de una exposición prolongada al sol. Por lo tanto, es muy importante no exponerse al sol entre las 12 del día y las 4 de la tarde, e independientemente de la hora y del lugar, incluso debajo de una sombrilla, se debe usar crema solar de alta protección.


Bibliografía

1 Alberts D, Ranger-Moore J, al : Safety and efficacy of dose-intensive oral vitamin A in subjects with sun-damaged skin. Clin Cancer Res. 2004 Aug 15;10(16):5640.
2. Placzek M, Gaube S,al : Ultraviolet B-induced DNA damage in human epidermis is modified by the antioxidants ascorbic acid and D-alpha-tocopherol. J Invest Dermatol. 2005 Feb;124(2):304-7
3. Gupta AK, Ellis CN, Tellner DC, Anderson TF, Voorhees JJ. Double-blind, placebo-controlled study to evaluate the efficacy of fish oil and low-dose UVB in the treatment of psoriasis. Br J Dermatol. 1989 Jun;120(6):801-7.
4. Rhodes LE, Durham BH, al.: Dietary fish oil reduces basal and ultraviolet B-generated PGE2 levels in skin and increases the threshold to provocation of polymorphic light eruption. J Invest Dermatol. 1995 Oct;105(4):532-5.